Erik Haindl

Utilidad y educación (tercera parte)

Por: Erik Haindl | Publicado: Viernes 10 de octubre de 2014 a las 05:00 hrs.
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Uno de los argumentos para intentar eliminar los pagos al capital en el sector de la educación es que con eso se mejora la calidad. El razonamiento es que si el dinero que va a pagar al capital se reinvierte en el colegio o en la universidad respectiva, ello redundará en una mejor calidad de la educación. Se dice que las mejores universidades del mundo no tienen fines de lucro, y de hecho la ley actual prohíbe que las universidades tengan fines de lucro. ¡Si el sector privado no está dispuesto a ofrecer sus servicios por bolitas de dulce, entonces el Estado debe proveerlo! 
¿Qué dice la experiencia mundial al respecto? No existe ningún ejemplo de algún producto o servicio en el mundo en que la mejor calidad sea provista por el Estado. En el producto o servicio que uno mire, siempre la calidad superior es provista por el sector privado, ya sea en automóviles, aviones, complejos habitacionales, hospitales y centros clínicos, universidades, colegios, restaurantes, hoteles, y un largo etcétera. Invariablemente la provisión de bienes y servicios por parte del Estado es defectuosa en términos de calidad y a veces la atención al público adquiere características de tragicomedia.

En el caso del sector de educación, las mejores universidades de Estados Unidos, que además son las mejores del mundo, son privadas. Ellas están encabezadas por las universidades de Chicago, Harvard, Yale, Stanford, Princeton, Columbia y el MIT. En todos estos casos se trata de universidades privadas que maximizan prestigio y utilidades (por lo tanto sí tienen fines de lucro). En términos de prestigio compiten por cuál de ellas logra acumular el mayor número de premios Nobel y la mayor influencia académica en el mundo. En términos de utilidades, cobran aranceles bastante altos (algunos llegan hasta US$ 60.000 anuales), y administran fondos importantes (endowments) con un claro criterio de maximizar la rentabilidad. La suma de los fondos que administran estas siete universidades sobrepasa los US$ 107.000 millones. Estos fondos fueron administrados en forma profesional, obteniendo rentabilidades reales de más de 8% al año, que se compararan favorablemente con los rendimientos de las mayores fortunas de EEUU. Harvard gastó en sueldos de los profesionales que manejan su porfolio más de
 US$ 100 millones anuales, lo que refleja su ánimo de maximizar utilidades con estos fondos.

De acuerdo con la teoría de los precios hedónicos desarrollada por mi profesor de la Universidad de Chicago, Sherwin Rosen, la calidad es un atributo más de un producto o servicio diferenciado. Las empresas compiten en un espacio hedónico, que genera precios implícitos para los distintos atributos.

Tan sólo la competencia de empresas que maximizan utilidades puede generar un equilibrio eficiente en términos de la asignación de recursos y de sus atributos. En el caso de las universidades, esto requiere que la calidad pueda ser medible y observable en términos transparentes, y que las universidades chilenas compitan maximizando utilidades, al igual que lo hacen las mejores universidades del mundo.

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